En el cierre de 2025, se documenta un panorama ambiental preocupante marcado por la crisis forestal en Quintana Roo, luego de que más de 600 hectáreas resultaran afectadas, principalmente en zonas de selva baja, uno de los ecosistemas más frágiles y estratégicos del estado por su biodiversidad y capacidad de regeneración.
Este escenario encendió las alertas ambientales y derivó en la conformación de un comité especializado que buscará enfrentar los efectos de los incendios forestales y la pérdida acelerada de cobertura vegetal en la entidad.
Temporadas críticas y factores climáticos
La Comisión Nacional Forestal (Conafor) informó que las altas temperaturas registradas durante el año facilitaron la propagación del fuego, agravando la crisis forestal en Quintana Roo y elevando el riesgo en zonas con vegetación altamente inflamable.
Las condiciones climáticas extremas no solo incrementaron el número de incendios, sino que también dificultaron las labores de contención, afectando de manera directa a ecosistemas que requieren largos periodos para su recuperación natural.
Impacto directo en la selva baja
Más del 90% de la superficie dañada corresponde a estratos arbustivos y herbáceos de selva baja, considerados altamente sensibles a las variaciones de temperatura y humedad. La pérdida de estas áreas representa un impacto severo para el hábitat de diversas especies endémicas.
Este tipo de vegetación cumple un papel clave en la regulación climática local y en la conservación de los suelos, por lo que su degradación acelera procesos de erosión y pérdida de biodiversidad.
Cambio de uso de suelo y presión agroindustrial
Además de los incendios, la zona cañera del estado se ha consolidado como un punto crítico de preocupación ambiental. Monitoreos satelitales y reportes oficiales muestran un avance sostenido de la frontera agroindustrial sobre áreas forestales.
Expansión agrícola y deforestación
El secretario de Ecología y Medio Ambiente (SEMA), Óscar Rebora Aguilera, explicó que la transición de terrenos forestales a campos de cultivo se ha convertido en el principal motor de deforestación en la región, profundizando la crisis forestal en Quintana Roo.
La quema intencional para la limpieza de terrenos agrícolas continúa siendo la causa número uno de incendios accidentales, una práctica que agrava el deterioro ambiental y pone en riesgo comunidades cercanas.
Riesgos identificados por autoridades
Entre los principales riesgos detectados se encuentran el cambio de uso de suelo sin control, la expansión de la agroindustria en la zona cañera y la pérdida acelerada de masa arbórea, factores que mantienen bajo presión constante a los ecosistemas del estado.
Panorama nacional y acciones urgentes
A nivel nacional, la Conafor reportó que 2025 ha sido uno de los años más activos en incendios forestales, con más de 360 mil hectáreas afectadas en todo el país, un contexto que refuerza la necesidad de acciones inmediatas a nivel local.
Coordinación institucional y vigilancia
El comité especializado trabaja de manera directa con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), encabezada por Mariana Boy, para impulsar políticas de restauración, vigilancia y prevención más estrictas que eviten la desaparición progresiva de la selva baja frente al avance agrícola.
Las autoridades subrayan que, sin una estrategia integral y sostenida, el deterioro ambiental podría intensificarse en los próximos años.
