El sostenimiento de un gobierno populista requiere una cantidad significativa de recursos económicos, mucho más que un gobierno democrático. La distribución constante de efectivo en diferentes programas sociales es clave para mantener el poder, pero esto genera una carga fiscal insostenible a largo plazo.
El gasto en programas sociales y obras públicas
Programas como Jóvenes Construyendo el Futuro o Sembrando Vida, junto con becas y pensiones sin restricciones económicas, son fundamentales para el respaldo del populismo morenista. Sin embargo, la incorporación de proyectos como el Tren Maya, el Transístmico, el aeropuerto Felipe Ángeles y la refinería de Dos Bocas, aumenta la carga presupuestal y pone en duda la sostenibilidad del gasto social.
Desafíos fiscales y económicos
El sistema jurídico, alineado con la autoridad gubernamental, desalienta la inversión y limita el crecimiento económico. La carga fiscal, por ejemplo, mediante el aumento del impuesto predial, puede afectar a propietarios y arrendatarios, generando un impacto negativo en la economía familiar.
La necesidad de recursos rápidos lleva a propuestas como la reforma fiscal, que busca recaudar más sin ahuyentar la inversión. Sin embargo, esto requiere una ingeniería financiera que equilibre la recaudación y la protección social, sin comprometer la estabilidad económica.
Perspectivas y soluciones
Solo una reforma fiscal integral, que permita aumentar los ingresos sin afectar la inversión, podrá reducir el endeudamiento y promover un crecimiento superior al 2 por ciento. Pero, para ello, sería necesario disminuir los mecanismos de control político-electoral que favorecen la continuidad del actual sistema, algo que, según las fuentes, no está en la agenda del gobierno actual.
En conclusión, el equilibrio entre gasto social y sostenibilidad fiscal es fundamental para evitar una crisis económica. La racionalización del gasto y una política fiscal más efectiva son pasos imprescindibles para garantizar la estabilidad futura del país.
