A tres semanas de los asesinatos en Michoacán que expusieron la lucha fallida contra el crimen organizado, la presidenta Sheinbaum defendió una reducción récord de los homicidios desde el inicio de su Administración. Según datos oficiales presentados en Palacio Nacional, los homicidios dolosos disminuyeron un 37% desde septiembre de 2024. Sin embargo, la violencia en varios estados, especialmente Michoacán, sigue encendiendo alertas.
Discurso de resultados y cifras oficiales
En su conferencia matutina, la presidenta afirmó que desde que asumió el cargo en octubre del año pasado, los homicidios bajaron un 28%, una cifra que supera el 9% logrado en el sexenio anterior. “Son 32 homicidios diarios menos”, declaró, citando datos de las fiscalías estatales.
El Gobierno atribuye esta baja a su política de “atención a las causas”, enfocada en educación, pobreza y empleo, además del fortalecimiento de la Guardia Nacional. Según su propio recuento, más de 37.000 generadores de violencia fueron detenidos en poco más de un año.
Pese a estas cifras, la realidad en el terreno continúa siendo compleja. Los reportes de extorsiones, desplazamientos forzados y asesinatos de funcionarios locales no parecen disminuir con la misma fuerza que las estadísticas federales.
Michoacán, epicentro de la crisis
El Estado de Michoacán, uno de los más golpeados por la violencia, registra una disminución del 5,6% en homicidios respecto al año anterior. Sin embargo, continúa entre las siete entidades que concentran más de la mitad de los asesinatos en México.
El caso del agricultor Bernardo Bravo y el alcalde Carlos Manzo, ambos asesinados tras denunciar extorsiones, ha encendido nuevamente el debate sobre la eficacia del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, una estrategia que busca retomar el control de los municipios más afectados.
Mientras la presidenta insiste en que “la tendencia va a la baja”, la percepción ciudadana pinta otro panorama: miedo, impunidad y desconfianza hacia las autoridades.
Operativos recientes y discurso de control
El Ejército y la Guardia Nacional han desplegado operativos en Buenavista, Cotija y Huetamo, donde se aseguraron más de 20 armas de fuego, granadas, lanzagranadas, más de 5.000 cartuchos y 330 kg de droga sintética.
Aunque el Gobierno considera estos decomisos como prueba del éxito de su estrategia, especialistas en seguridad advierten que las acciones reactivas y los golpes mediáticos no sustituyen una política de seguridad integral.
Los resultados son innegables en los números, pero la violencia no deja de adaptarse y expandirse. En este contexto, Sheinbaum enfrenta su primer gran reto: demostrar que su promesa de pacificación va más allá de los informes y alcanza las calles.
El discurso presidencial se apoya en estadísticas alentadoras, pero la realidad en los estados más golpeados contradice el optimismo oficial. La violencia en Michoacán y Sinaloa sigue desafiando cualquier narrativa de éxito.
Reducir homicidios en papel no basta si los ciudadanos siguen viviendo con miedo. El reto de la presidenta no es solo mantener las cifras, sino transformar la percepción de inseguridad en una paz tangible.
