La OTAN atraviesa la mayor amenaza interna de sus 77 años de historia y, de forma paradójica, el riesgo no proviene de Rusia ni de China, sino de Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump. Su intento de forzar la anexión de Groenlandia —acompañado de amenazas arancelarias masivas y de la negativa a descartar el uso de la fuerza militar— ha encendido alarmas tanto en Europa como en Washington.
La pregunta central ya no es si la alianza está bajo presión, sino quién puede detener a Trump antes de que la fractura sea irreversible. La crisis amenaza con dinamitar el principio de defensa colectiva del Artículo 5 y reconfigurar el equilibrio geopolítico global.
El Congreso de Estados Unidos: la barrera legal más real, pero frágil
En el tablero actual, el Congreso de Estados Unidos emerge como el único actor con capacidad constitucional directa para frenar al presidente. Aunque Trump ejerce una influencia férrea sobre el Partido Republicano, existen límites legales que incluso la Casa Blanca no puede ignorar indefinidamente.
¿Por qué el Congreso es clave?
- Existe una ley federal vigente que impide a cualquier presidente retirar a Estados Unidos de la OTAN sin la aprobación explícita del Congreso.
- Los senadores Rand Paul (republicano) y Tim Kaine (demócrata) trabajan en conjunto en una resolución de poderes de guerra para bloquear cualquier acción militar relacionada con Groenlandia.
- También se preparan desafíos legales contra los aranceles impuestos bajo la figura de “emergencia nacional”, un mecanismo que Trump ha explotado de forma agresiva.
El principal obstáculo: el miedo político
El problema no es la ausencia de herramientas legales, sino la falta de voluntad política. Muchos legisladores republicanos reconocen en privado que Trump ha cruzado una línea peligrosa, pero temen enfrentarse a su base electoral y a las represalias internas dentro del partido.
Aun así, el margen es mínimo. Bastarían unas cuantas deserciones republicanas para frenar la escalada. El dilema es claro: defender a la OTAN o proteger carreras políticas.
En este contexto, el Congreso puede salvar a la OTAN, pero solo si está dispuesto a protagonizar uno de los actos de valentía política más inusuales de la era moderna en Washington.
