La escritora Cristina Rivera Garza, ganadora del Premio Pulitzer 2024, reflexiona sobre la importancia de la estética del residuo en su obra y en la literatura contemporánea. En su reciente presentación en la Feria Internacional del Libro de Monterrey, abordó temas como el poder crítico de la escritura y la construcción de lenguajes colectivos frente a la violencia.
El concepto de la estética del residuo
En su nuevo libro, “Lo roto precede a lo entero“, Rivera Garza propone una visión de la escritura que se centra en los fragmentos y residuos como elementos fundamentales para la creación literaria. Según explicó, el volumen reúne 125 infraensayos, originalmente publicados en su blog “No hay tal lugar”, que abordan el oficio de escribir desde una perspectiva que desafía las lógicas tradicionales de totalidad y memoria.
La subversión a través del fragmento
La autora sostiene que la literatura no debe ser un ejercicio pasivo, sino una herramienta de crítica social. Para ella, los residuos y fragmentos permiten construir nuevas historias y cuestionar las narrativas hegémonicas. Rivera Garza afirma que “solo la lectura nos llevará a una totalidad, si es que tal cosa existe”.
El papel de la escritura frente a la violencia y el medio ambiente
Rivera Garza advierte sobre la necesidad de abordar la violencia sin banalizarla, trabajando con una ética que implique investigar y escuchar las voces de las víctimas. Además, destaca la importancia de poner atención a los residuos ecológicos y sociales, como una forma de reactivar proyectos sociales dormidos en los restos de la destrucción, parafraseando a Walter Benjamin.
El desafío del desaprendizaje y el uso de la inteligencia artificial
En relación con la transformación del oficio, Rivera Garza señala que cada proyecto requiere comenzar desde cero, desaprendiendo estructuras anteriores. Sobre la inteligencia artificial, afirma que su uso debe ser crítico y destinado a la postproducción, subvirtiendo el lenguaje para que sirva a la escritura y no a la tecnología.
La literatura como resistencia a la violencia
Finalmente, la escritora enfatiza que la literatura debe ser una herramienta para nombrar y resistir la violencia, evitando la revictimización. Para ello, propone un trabajo comunitario y ético, creando nuevas puertas para que las voces silenciadas puedan ser escuchadas.
