La economía argentina enfrenta un proceso de recuperación que, aunque aún en marcha, muestra signos de desaceleración en algunos sectores. Se espera que en 2026 el Producto Interno Bruto (PBI) alcance un crecimiento cercano al 3%, impulsado por sectores considerados “perdedores” en el corto plazo.
El comportamiento reciente de la actividad económica
Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), en abril la actividad registró una contracción del 1,5% respecto de marzo, interrumpiendo la tendencia de recuperación observada en ese mes. Este retroceso mensual refleja una desaceleración en el ritmo de crecimiento de diferentes sectores, en un contexto marcado por el endurecimiento de las condiciones financieras y un menor dinamismo en el consumo.
A pesar de esta caída, en términos interanuales la economía mantiene una variación positiva de 2,1%, impulsada por la baja base de comparación del mismo período del año pasado, afectado por la recesión y la sequía en el sector agropecuario.
Proyecciones a corto y mediano plazo
Los pronósticos para el crecimiento del PBI en los próximos años muestran distintas perspectivas. Economistas como Fernando Marull y Fausto Spotorno proyectan un crecimiento de entre 2,8% y 3% en 2026. Por su parte, el BBVA Argentina estima un crecimiento del 3% y anticipa una evolución similar para 2027.
En contraste, analistas más cautelosos, como Esteban Domecq y Juan Manuel Franco, consideran que la recuperación será más gradual, con crecimientos de 2,5% y 2,2% respectivamente. Franco destaca que los sectores como agro, minería e hidrocarburos serán los principales impulsores, aunque la dinámica de los sectores rezagados y variables macroeconómicas serán determinantes.
Factores que influirán en la recuperación
El Índice General de Actividad (IGA) de mayo muestra una recuperación en sectores como comercio minorista y actividad manufacturera, impulsada por la baja de la inflación y la mejora de ingresos. Sin embargo, sectores como la construcción siguen mostrando niveles bajos, sin una reactivación significativa debido a la falta de obras públicas y créditos hipotecarios.
La normalización macroeconómica y la desaceleración inflacionaria aún no garantizan una recuperación generalizada. El consumo privado continúa condicionado por la pérdida de poder adquisitivo, mientras que la inversión depende en buena medida del crédito y las expectativas empresariales.
Factores clave para el futuro cercano incluyen la evolución del salario real, la recuperación del crédito, el comportamiento del consumo y el impacto de la cosecha sobre la actividad. La capacidad del Gobierno para mantener la estabilidad sin afectar la demanda será fundamental para sostener el proceso de recuperación económica.
