La inseguridad en México mostró un repunte significativo durante el último trimestre de 2025, al alcanzar 63.8 por ciento de la población adulta que considera inseguro vivir en su ciudad.
Esta cifra representa un incremento frente al 61.7 por ciento registrado en diciembre de 2024, lo que refleja un deterioro sostenido en la percepción social del entorno urbano y la calidad de vida en diversas regiones del país.
Brecha por sexo
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) evidenció que la percepción de inseguridad se mantiene más elevada entre las mujeres, con 69.4 por ciento que manifestó sentirse insegura, en comparación con 57.1 por ciento de los hombres.
Este diferencial refleja una mayor exposición al temor en espacios públicos y situaciones cotidianas, lo que impacta directamente en la movilidad y actividades diarias.
Ciudades con mayor percepción de riesgo
Las zonas urbanas con mayores índices de percepción negativa presentan patrones recurrentes de violencia, robos y conflictos vecinales, consolidando un entorno de alerta constante para sus habitantes.
Zonas de mayor temor
Los lugares donde la población se siente más insegura son los cajeros automáticos en vía pública, con 72.3 por ciento, seguidos por calles y transporte público, ambos con 64.9 por ciento, y carreteras con 58.9 por ciento.
Estas cifras reflejan la vulnerabilidad percibida en espacios clave para la movilidad, el trabajo y la vida cotidiana.
Impacto en la movilidad urbana
La elevada percepción de riesgo condiciona los desplazamientos diarios, limitando horarios, rutas y formas de transporte, lo que afecta la productividad y la interacción social.
Perspectiva a futuro
El 59.3 por ciento de la población considera que la situación de inseguridad seguirá igual de mal o empeorará en los próximos doce meses. De este total, 33.7 por ciento estima que se mantendrá sin cambios, mientras que 25.6 por ciento prevé un agravamiento.
Este pesimismo social se convierte en un factor determinante para la toma de decisiones personales y familiares.
Consecuencias psicológicas
La persistencia del miedo genera estrés, ansiedad y una percepción constante de vulnerabilidad, afectando el bienestar emocional y la cohesión social.
Presencia cotidiana de la violencia
Seis de cada diez personas reportaron consumo frecuente de alcohol en la vía pública; casi la mitad presenció robos o asaltos; cuatro de cada diez observaron venta o consumo de drogas; y más de un tercio escuchó disparos de manera habitual.
Estos indicadores confirman que la inseguridad en México no solo se percibe, sino que se vive de forma directa en numerosos entornos urbanos.
Normalización del delito
La exposición constante a hechos violentos ha generado una normalización social del delito, lo que profundiza la sensación de indefensión y desconfianza en las autoridades.
Restricciones en la vida diaria
Como respuesta al entorno inseguro, 42.5 por ciento de la población dejó de portar objetos de valor, 38 por ciento limita la movilidad de menores, 37.1 por ciento evita caminar de noche y casi una cuarta parte redujo visitas a familiares y amistades.
Estos cambios reflejan un impacto directo en la dinámica social, el esparcimiento y la convivencia comunitaria.
Aislamiento social
El temor constante ha impulsado una reducción progresiva del contacto social, debilitando los lazos comunitarios y la confianza entre vecinos.
Incremento de enfrentamientos
Durante el último trimestre de 2025, 36.3 por ciento de la población reportó haber tenido algún conflicto directo, principalmente por ruido, basura o problemas de estacionamiento.
Este fenómeno evidencia una mayor tensión social en zonas urbanas densamente pobladas.
Deterioro del entorno comunitario
Los conflictos cotidianos se convierten en detonantes de confrontaciones mayores, deteriorando la convivencia y aumentando la percepción de riesgo.
Evaluación ciudadana
La Marina encabeza la percepción de efectividad con 83.0 por ciento, seguida por la Fuerza Aérea Mexicana con 81.4 por ciento y el Ejército con 79.7 por ciento. En contraste, la Guardia Nacional registra 70.0 por ciento, mientras que las policías estatales y municipales se ubican en 51.8 y 46.0 por ciento, respectivamente.
Corrupción y desconfianza
Entre quienes tuvieron contacto con autoridades, 45.4 por ciento afirmó haber sufrido al menos un acto de corrupción, lo que contribuye a profundizar la desconfianza institucional.
Victimización del delito
Durante el segundo semestre de 2025, 32.3 por ciento de los hogares reportó al menos una víctima de robo, extorsión o fraude, confirmando que la delincuencia forma parte de la vida cotidiana en amplias zonas urbanas.
Las pérdidas materiales y el desgaste psicológico derivado del delito generan inestabilidad financiera y afectaciones emocionales de largo plazo.
